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| Historia |
 Los túneles son habituales a lo largo del recorrido.
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El sur de la India ofrece una gran variedad de viajes en ferrocarril, pero cualquier turista haría un esfuerzo singular por viajar en la línea de ancho métrico del tren de cremallera que sube los 46 kilómetros que desde el cruce de Mettupalaiyam hasta la estación de alta montaña de Ootacamund, en los Nilagiri. Las guías de viaje hacen comentarios entusiastas del ferrocarril de Nilagiri y de sus trenes de vapor, y no es un entusiasmo inmerecido, ya que se trata de un viaje en extremo fascinante.
A lo largo de la línea costera india que bordea el mar arábico se encuentra una cordillera, la de Ghats. Esta sierra culmina en su punto más meridional en una hilera de altas montañas que llegan a los 2.550 metros: son las Nilagiri o Mantañas Azules, empinadas, muy arboladas y propensas a los corrimientos de tierra en la estación de las lluvias.
Durante el calor estival, el gobierno del imperio y el de provincias, con sus séquitos civiles y militares, cambiaban las oficinas urbanas de la planicie por el frescor de las cumbres, y era entonces cuando las estaciones de alta montaña gozaban de una población flotante desproporcionada a su tamaño. Y así como, con la llegada de las temperaturas, la clase dirigente de Calcuta se iba a Darjeeling y la corte del Virrey se trasladaba de Dheli a Simla el gobierno de Madrás se iba a Ootacamund.
Ootacamund, lugar al que los ingleses llamaron durante generaciones, de manera afectuosa, Ooty, ya que estaba muy bien ubicada en la altiplanicie, entre las cumbres, cuando el ferrocarril llegó hasta allí, en 1908. Aún hoy día, Ootacamund es algo más que un tranquilo lugar de veraneo y una ciudad comercial, pués todavía atrae a un buen número de visitantes de Madrás y otros lugares. |
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| Línea |
 Los parajes por los que se asciende, en muchos momentos son espectaculares.
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El tren nocturno procedente de Madrás
El viajero que empieza hoy su ruta desde Madrás con destino a Ootacamund tiene que tomar el Expreso de Nilagiri. Este es uno de los mejores servicios de los ferrocarriles del sur de la India (S.R.: Southern Railway): rápido, sin aglomeraciones, limpio y puntual. Con tracción eléctrica, sus coches de color azul oscuro abandonan la estación Central de Madrás, una estación de vía ancha, alrededor de las nueve de la noche y se dirige hacia el oeste cruzando la península de noche en la línea principal del sur, que tiene un ancho de vía de 1,67 m. Al amanecer del día siguiente, el Expreso de Nilagiri, arrastrado ahora por una locomotora diesel, ha dejado ya la línea principal y recorre los últimos 33,7 km. de vía ancha de su ruta en el ramal de Coimbatore a Mettupalaiyam, para acabar en el desvío con el ancho métrico del ferrocarril de cremallera de Ootacamund.
Ya en la última etapa del recorrido en el interior de Mettupalaiyam se pueden ver claramente las montañas de Nilagiri, una gran muralla verde sobre el horizonte que acoge ya el sol de la mañana. Hace diez años esta etapa del viaje tenía como atractivo añadido que el tren era arrastrado por una locomotora de vapor, una impresionante Pacific WP. Desde entonces la Southern Railway ha dejado la tracción vapor en la vía ancha, aunque, en la red de ancho métrico de la SR, aún hoy día se puede ver un buen número de locomotoras de vapor en las ruta que cruzan el país.
El intercambio de Mettupalaiyam, con el expreso de vía ancha a un lado del andén y el tren de vapor de Ootacamund al otro lado, tiene un aire de época, con sus edificios victorianos en medio de la plataforma central. El servicio de ancho métrico consta de cuatro o cinco coches, con un aspecto totalmente de época, pintados con un distintivo azul y crema, el predilecto de los ferrocarriles indios de alta montaña. Hacia las cumbres
Como es frecuente en los trenes de cremallera, la locomotora empuja desde el final del tren. La primera clase y las mejores vistas están en el coche con mirador que va en cabeza y, como los viajeros acuden en masa al expreso de vía ancha, suele haber mucha aglomeración para conseguir viajar en el compartimento principal. Pero el personal de a bordo consigue restaurar el orden muy pronto, el equipaje se recoloca en el furgón, se controlan los billetes y los pases y los viajeros de segunda se redistribuyen a lo largo del tren.
En Mettupalaiyam se puede ver desde el andén el modesto depósito de la locomotora rodeado de árboles. Mientras los pasajeros se instalan en sus compartimentos preparados para el viaje de cuatro horas y media, la locomotora de cremallera sale retumbando y despacio del depósito y se dirige al final del tren. Se trata de una locomotora tender de construcción suiza, una 0-8-2 T conocida como serie X. Entre 1920 y 1952, Winterthur entregó 12 de estas locomotoras, ocho de las cuales están aún en servicio, y algunas han sido bautizadas recientemente. En los primeros años había cisternas de cremallera de fabricación inglesa más pequeñas e incluso, según dicen, locomotoras Fairlie.
El engranaje de cremallera
El tren de vapor parte de Mettupalaiyam a la 7:45 hs. de la mañana. En los primeros dos o tres kilómetros, la línea sigue un camino completamente recto y nivelado, a través de agradables bosques, con un cruce de carretera controlado por un semáforo aquí y otro allá. Enfrente se ven las montañas cada vez más claras y de mayor tamaño, aunque, a medida que la locomotora va empujando al tren sosegadamente, cuesta ceer que el convoy pueda escalar hasta línea del horizonte antes de llegar a su destino.
El llano acaba bruscamente. El tren hace una pausa en Kallar, al pie de las montañas; allí la máquina se engrana con la cremallera y la naturaleza del viaje cambia por completo. La línea férrea enfila un valle en el interior de las montañas, serpenteando en medio de una espesa vegetación boscosa. La vía sube una rampa de 125 milésimas por metro durante largos tramos, mientras que la locomotora, que ahora funciona impulsada por cuatro cilindros y con el engraje de cremallera, sube cuesta arriba haciendo un ruido tremendo. Esta parte del viaje se vive muy intensamente: el continuo fragor y el gran estruendo de la 0-8-2T, la exuberante vegetación que golpea las ventanas, el sol sesgando el valle con sus rayos y, de vez en cuando, un puente que cruza un escalofriante barranco, hacen del trayecto algo indescriptible.
La hora del té
Durante las dos primeras horas de la ascensión, el tren hace varias paradas en los apeaderos de la ladera para repostar agua. Estas paradas permiten que los viajeros estiren las piernas, admiren el extenso panorama del sur de la India que se aprecia desde la ladera, y, sobretodo, acudan a los puestos de venta de té, sin los cuales ninguna estación de ferrocarril india estaría completa.
Los ingleses han dejado a lo largo de la red ferroviaria en unas cuantas estaciones un legado en forma de nombres sonoros y familiares en medio de otros muchos nombres indígenas. Los apeaderos de este tramo de la línea tienen un particular toque inglés: Runneymede, Hillgrove y Glendale.
A medida que el tren va ganando altura la vegetación desaparece y en los alrededores de Glendale surgen, a cada lado del valle, las terrazas de los pulcros campos de té. Desde el mirador del puente de Glendale se puede ver cómo el tren sube imperturbable cuesta arriba durante media hora o quizás más.
Si todo va bien, el tren de Ootacamund cruza el viaducto de Glendale y continúa serpenteando por un sinuoso tramo de la línea. Después, tras subir la última pendiente junto a la carretera principal, se desengancha la cremallera y la 0-8-2T empuja el tren sobre un paso a nivel entrando en la estación de Coonoor, una ciudad de alta montaña bastante grande. El ferrocarril llegó a esta ciudad en 1899, y nueve años después lo hizo a Ootacamund.
Ya en Coonoor el tren ha ascendido a 2.100 metros, pero la subida más pronunciada de los Nilagiri funcionando con la cremallera ya ha quedado atrás. Aún quedan otros 19 kilómetros antes de llegar a Ootacamund, pero a partir de Coonoor las rampas son menos pronunciadas. Ya se nota el ambiente seco y vigoroso de la meseta, perfumado con el aroma de los pinos y de los aucaliptos, tan diferentes al de las llanuras indias Banderines ondeando al viento
La estación de viajeros de Coonoor es un edificio de granito situado en una vía muerta de ramal corto, en la que el tren hace una parada 15 minutos mientras cambian las locomotoras. La salida del tren se anuncia con el titineo de una campana inisual: se trata de una barra de hierro que golpea los restos dentados del mecanismo de cremallera de una de las locomotoras. Los agentes guardafrenos hecen ondear profusamente, desde cada coche, los banderines de señales y el tren da marcha atrás lentamente saliendo de la línea de circulación. Se reajustan las palancas de señales y agujas; los guardafrenos, una vez más, ondean al unísono los banderines, y la 0-8-2T se pone en marcha con gran entusiasmo, empujando el tren por la pendiente a la salida de la ciudad.
A pesar de que el tren ya no funciona con el sistema de cremallera, el tramo Ootacamund es aún extremadamente empinado en algunos sitios, pues cuando el tren va serpenteando a través de grandes formaciones rocosas y laderas en terraza se encuentra con rampas de 43,4 milésimas por metro. A los diez minutos de salir de Coonoor el tren llega a Wellington, una estación militar, allí la línea describe una curva de 180º a través del valle.
Ooty
Entre Ketti y Ootacamund el ferrocarril cruza nuevamente peñascos y arboledas, rodea con una gran curva el lago navegable, deja atrás la torre cuadrada de la iglesia de Santo tomás y entra en la estación de Ootacamund.
Pero en el andén, en elcaracterístico letrero trilingüe, no dice Ootacamund, sino Udagamandalam. Este es el nombre de la ciudad en lengua tamil, pero aunque se trata del nombre oficial, el lugar es conocido comúnmente por Ootacamund.
De repente, cuando el tren se para en el andén sobreviene una aglomeración de turistas, porteadores, vendedores y mozos de estación. Pero aquí el tumulto se deshace rápidamente, y los viajeros se montan en viejos taxis que les conducirán hasta sus hoteles. |
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| Otros
Datos |

Detalle del engranaje de la cremallera.
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A la vez que resulta un tren a vapor fascinante para los aficionados al ferrocarril y la manera más civilizada de huir a las frías cumbres, el tren de Nilagiri realiza un espectacular ascenso hasta Ooty, "la reina de las estaciones de alta montaña de la India". |
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