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| Historia |
El Tren de las Sierras es, al día de hoy, el único ferrocarril de características
netamente turísticas que recorre los paisajes serranos cordobeses. Se trata de un
ramal muy antiguo inaugurado el 2 de julio de 1892 y que, en su momento, sirvió
fundamentalmente como medio de transporte de cargas entre la ciudad de Córdoba y
Cruz del Eje. Hoy, y luego de un paréntesis entre 1977 y 1993, el convoy se ha
convertido en la principal atracción turística para una de las más pintorescas
regiones de las Sierras Chicas de Córdoba.
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| Línea |

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El tren inicia su recorrido en la estación Rodríguez del Busto, en plena ciudad
capital, a las 9.00 en punto. Una locomotora y dos vagones comienzan entonces a
rodar lentamente entre los últimos vestigios de la gran ciudad y las suaves
ondulaciones de las sierras más cercanas que, a poco de andar, se inclinan
imponentes ante la angosta trocha del convoy en ascenso. Luego de un primer tramo
más bien corto, hasta La Calera, el recorrido ingresa en uno de sus pasajes más
excitantes. Hay que atravesar las sierras rumbo al Valle de Punilla y la quebrada
del río Suquía se muestra como la única vía posible. Siempre con el torrente como
guía, el tren comienza su zigzagueante recorrido colgado virtualmente de las laderas
de los cerros que, a esta altura, se elevan abruptos sobre el cauce del Suquía. Es el
tramo más caprichoso del viaje, y el que toca a su fin con la breve parada en el
apeadero San Roque, justo al lado del paredón del conocido lago serrano.
El andar lento y trabado del convoy da paso, luego de terminado el cruce de las
sierras, a largas rectas y suaves pendientes propias del paisaje de Punilla. Siempre
en ascenso y con el lago San Roque ahora a sus espaldas, el tren comienza a hilvanar
en su recorrido, una tras otra, las más importantes localidades del valle. Cosquín,
Huerta Grande, la Falda, Villa Giardino, todas típicas estaciones. Próximos a La Cumbre,
el paisaje cambia repentinamente. Las infinitas pampas, los suaves contornos serranos y
fundamentalmente el sol del mediodía marcan inequívocos el punto más alto del recorrido.
El viaje toca a su fin. Un leve descenso y el cerro Uritorco, majestuoso y cercano,
anuncian ahora que el Tren de las Sierras llegó puntualmente a destino: Capilla del Monte,
final del recorrido.
Fuente: Aire y Sol - Ed. Mirabilia - Junio 1999 |
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